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2026
June 2026
'Las mujeres existen más allá del voto útil: una reflexión feminista radical, abolicionista y basada en el sexo', escrito por Alejandra Vera. English translation available here
En cada contienda electoral, las mujeres vuelven a aparecer como cifra, como consigna, como promesa de campaña y como reserva moral de legitimidad. Se nos convoca a votar, a militar, a defender la democracia, a frenar el fascismo, a impedir el retroceso, a sostener la esperanza. Pero cuando los varones llegan al poder, incluso aquellos que se nombran progresistas, las mujeres volvemos a ser desplazadas del centro político. Se habla en nuestro nombre, se administra nuestro sufrimiento, se simbologiza nuestra causa, pero no se garantiza de manera real nuestra vida, nuestra seguridad, nuestra salud, nuestra libertad sexual ni nuestra autonomía material.
Desde el feminismo radical, la pregunta no es simplemente qué partido “incluye” a las mujeres en su discurso, sino qué proyecto político reconoce que las mujeres somos una clase sexual oprimida bajo el patriarcado. Catharine MacKinnon planteó que la igualdad no puede entenderse solo como trato formal ante la ley, sino como una estructura de poder basada en dominación y subordinación; su teoría desplaza el debate desde “igualdad de oportunidades” hacia las condiciones materiales que hacen posible la opresión sexual de las mujeres. Desde esa mirada, un gobierno no es feminista porque nombre la palabra “igualdad”, sino porque enfrenta las instituciones que sostienen la explotación sexual, reproductiva, económica, política y simbólica de las mujeres.
El gobierno de izquierda en Colombia prometió transformación, pero para muchas feministas basadas en el sexo terminó representando una forma especialmente dolorosa de abandono. No porque la derecha fuera una esperanza —nunca lo ha sido para las mujeres—, sino porque la izquierda se presentó como aliada histórica de las oprimidas y, aun así, permitió que las mujeres fueran diluidas dentro de agendas más amplias donde la categoría política “mujer” perdió nitidez. El Ministerio de Igualdad desarrolló programas específicos para población LGBTIQ+ y celebró como logro el CONPES 4147 de 2025, con política pública nacional, respaldo presupuestal, Sistema Nacional LGBTIQ+ y acciones hasta 2035. El problema, desde una lectura feminista radical, no es que existan garantías civiles para otras poblaciones vulnerables; el problema es que la institucionalidad haya sido incapaz de sostener con la misma fuerza una política material, específica y urgente para las mujeres como clase sexual.
Las mujeres siguen enfrentando violencias sin registros suficientemente integrados, oportunos y accionables. Medicina Legal advierte que sus cifras corresponden a casos valorados dentro del sistema médico-legal, pero no todos los casos son reportados ni judicializados. La Defensoría del Pueblo publicó un consolidado enero-mayo de 2025 sobre feminicidios, violencia intrafamiliar, delitos sexuales, trata de personas y explotación sexual de niñas, niños y adolescentes, lo que confirma que el problema no es marginal ni abstracto: es una crisis sostenida de violencia contra mujeres, niñas y adolescentes. Tener boletines no basta si no existen sistemas robustos de prevención, observatorios territoriales vivos, presupuesto ejecutado, rutas reales de atención, protección efectiva y sanción.
El feminismo abolicionista ha advertido durante décadas que la prostitución, la pornografía, la trata y la explotación reproductiva no son “mercados neutrales”, sino formas de organización patriarcal del acceso masculino al cuerpo de las mujeres. Andrea Dworkin, en Prostitution and Male Supremacy, cuestionó que la academia pudiera hablar de prostitución desde la comodidad del debate abstracto, mientras las mujeres en prostitución viven una realidad atravesada por violencia, necesidad y riesgo. Kathleen Barry documentó la relación entre prostitución, tráfico internacional de mujeres y esclavitud sexual femenina, situando la explotación sexual como una estructura global de dominación. Sheila Jeffreys, por su parte, sostuvo que distinguir entre prostitución “libre” y prostitución “forzada” suele servir para legitimar sectores de la industria sexual, cuando todos dependen de la subordinación histórica de las mujeres.
Por eso, desde una posición abolicionista, no puede llamarse avance a ninguna política que normalice la compra del acceso sexual a mujeres, la intermediación sobre sus cuerpos o la conversión de su capacidad reproductiva en servicio para terceros. En Colombia, la gestación subrogada sigue atravesada por un vacío normativo que ha llevado a la Corte Constitucional a exhortar al Congreso y al Gobierno a regular integralmente las técnicas de reproducción humana asistida. Desde el feminismo radical, este vacío no es técnico: es político. Allí donde el Estado no protege, el mercado entra; y cuando el mercado entra sobre los cuerpos de las mujeres, la autonomía se vuelve una palabra frágil frente a la pobreza, la desigualdad y el poder adquisitivo de quienes pueden comprar.
Las mujeres no deben ser obligadas, elección tras elección, a usar el voto útil por hombres y partidos que ya demostraron estar contra nosotras. A las mujeres se nos pide votar por “el mal menor”, pero casi nunca se nos ofrece una opción política verdaderamente comprometida con nuestra existencia material. Si gana la ultraderecha, sabemos el riesgo: retroceso en derechos conquistados, retorno de la mujer al hogar, exaltación de la maternidad obligatoria, control sobre la sexualidad, defensa de la familia patriarcal y expulsión simbólica de las mujeres de los espacios de poder. Pero si la izquierda llega al gobierno y borra la categoría mujer, entrega nuestras instituciones a agendas que no parten del sexo y no combate de manera frontal la explotación sexual y reproductiva, entonces también nos abandona.
La trampa del voto útil consiste en exigirnos obediencia política en nombre del miedo. Nos dicen: “voten por este hombre para que no gane aquel otro”. Nos dicen: “ahora no es momento de dividir”. Nos dicen: “primero derrotemos a la derecha y después hablamos de las mujeres”. Pero ese “después” nunca llega. Las mujeres votan, sostienen campañas, ponen el cuerpo, defienden causas, marchan, cuidan, organizan, denuncian y luego son relegadas. La Ley 2453 de 2025 reconoce expresamente la violencia contra las mujeres en política y busca prevenir, atender y sancionar las conductas que limiten su participación pública, incluyendo violencia simbólica, digital, económica, física, sexual y psicológica. Esa ley confirma algo central: incluso en democracia, la participación política de las mujeres ocurre bajo amenaza patriarcal.
En 2026, el criterio feminista no puede ser negociable. No basta con preguntarle a un candidato si apoya “la igualdad”. Hay que preguntarle si reconoce a las mujeres como categoría política basada en el sexo; si defiende espacios, datos, políticas y presupuestos específicos para mujeres y niñas; si se opone a la explotación sexual; si rechaza la mercantilización reproductiva; si garantiza salud, justicia y protección sin borrar el sexo como variable material; si entiende que los derechos de las mujeres no son un subcapítulo de la diversidad ni una moneda de cambio electoral.
Desde esta reflexión, no hay partido que represente plenamente a las mujeres en Colombia en 2026. Hay partidos que pueden ser más o menos peligrosos, más o menos regresivos, más o menos útiles en una coyuntura; pero utilidad táctica no es representación política. Las mujeres no estamos obligadas a entregar nuestro voto, nuestra voz ni nuestra agenda a varones que solo nos reconocen cuando necesitan ganar. El feminismo radical recuerda que la política de las mujeres no puede depender de la benevolencia masculina, ni de la derecha que nos quiere subordinadas, ni de la izquierda que nos diluye cuando llega al poder.
Las mujeres sí existimos. Existimos antes del tarjetón, durante la campaña y después de la posesión presidencial. Existimos como niñas explotadas, como madres empobrecidas, como mujeres desaparecidas, como víctimas de violencia sexual, como defensoras perseguidas, como trabajadoras precarizadas, como cuerpos convertidos en mercancía, como ciudadanas sin partido propio. Y precisamente porque existimos, no debemos seguir aceptando que nuestra supervivencia sea reducida al cálculo del mal menor. La política feminista no puede seguir siendo una reacción al poder masculino: debe ser una ruptura con él.
Alejandra Vera
Abogada defensora de los DDHH de las mujeres
2025
October 2025: Motion for Nullity of Judgement T-179-2025 of the Colombian Constitutional Court on the prohibition to exclude “trans women” from female volleyball teams in Antioquia and the country. Magistrate Cristina Pardo did an extraordinary dissenting opinion, find here
The initial Concept sent to the Court with the support of the International Consortium forFemale Sport is in Spanish here, in English here; the Motion for Nullity request in Spanish here and a pedagogical summary in Spanish here and in English here.
June 2025: Observations to Bill No. 122 of 2024 or Comprehensive Law on Gender Identity, presented in Congress. Find in Spanish here.
Youtube video of the Colombian Constitutional Court's judgment
September 2025: New article 'La impostura' by Alejandra Vera, also available in English.
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September 2024: WDI Colombia presents a Spanish language translation of the WDI Brasil article 'A expectativa de vida de 35 anos.' PDF.
November 2023: Review on the Statutes of the newly created Ministry of Equality of Colombia and the Penal Code, concerning problematic use of the concept "gender" and the political and criminal approach to the sex trade. Colombia 123-23
September 2022: Por Una Politica Real Contra la Trata de Personas en Colombia
4 January 2022: Read WDI Spain's interview with Colombian women's rights activist, Alejandra Vera - “Our health care system provides breast implants for men, but not for women with breast cancer”
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